La moda para mujeres es extensa y variada. Y aún así, hay prendas que con todos los años y todos los cambios, retienen el don de la relevancia. Pero tal vez ninguna como la falda: gran símbolo de la ropa de mujer.

La falda. Una prenda que ha subido, bajado, que se ha apretado y soltado, que ha sido redonda y escultural, que se ha llevado con corset y con cintura caída, que ha sido delgada y al cuerpo, así como voluminosa y dramática; que ha tenido todos los colores posibles, todas las texturas imaginables, todas las formas concebibles.

Que ha sido sinónimo de modestia y arma revolucionaria. Que ha sido patrimonio tanto de la Alta Costura como de la calle. Que ha sido transformada según las libertades ganadas con los años y que, a pesar del alcance vasto de jeans y pantalones entre mujeres, se mantiene como una poderosa simbología de la feminidad.

Evoquemos ejemplos.

Hace dos siglos, las faldas eran prácticamente lo único que una mujer podía usar. Y era todo menos simple. Una sola mujer necesitaba ayuda de otras para lograr el look del momento, que incluía muchas piezas – entre ellas un ceñido y amarrado corset que reducía la cintura y daba la impresión de que las mujeres, muy derechas, flotaban. Hace un siglo, la moda era todo lo contrario: las faldas eran rectas pero fluidas, sin nada que apretara la cintura,  haciendo de ella una zona libre, sin ataduras, favoreciendo una vestimenta que se acomodaba muy bien a una mujer que empezaba a saborear los temas de la modernidad.

Y en los años cuarenta, cuando en algunas partes del mundo había temor, escasez y guerra, las faldas se hicieron sobrias, más funcionales, pensadas para combinar con chaquetas que eran muestra de un ánimo reservado. Claro que Dior llegó a cambiar eso, cuando al finalizar ese episodio, decidió que las mujeres debían usar faldas llenas y grandes, como pétalos. Esa falda, a la mitad de la pantorrilla, amplia, y que también hacía ver las cinturas pequeñas mientras la falda flotaba, se volvió también la vestimenta de muchas mujeres que se quedaban en casa.

Pero cuando llegaron los sesenta, y el ambiente se hizo revolucionario, llegó también una moda revolucionaria: la minifalda. Interesantemente, la minifalda fue cambiada de manera radical en los setenta, por ciertas feministas, cuando escogieron una de las siluetas más controversiales de la historia: la maxifalda. A muchas mujeres de entonces la tendencia no les hizo mucha gracia.

Además, un dato: los largos de la falda han sido una poderosa manera de definir y controlar gustos y posibilidades de mujeres. Ellas también recuerdan que durante mucho tiempo los dictadores eran los diseñadores y las mujeres seguían reglas.

Con la historia entendemos un poco del presente. Así que, ¿qué pasa hoy con las faldas y las mujeres? Las siluetas son incontables y hacen parte de la esencia ecléctica de nuestro tiempo. Se valen muchas, por no decir todas. Pero algunas se vuelven tendencia y hablan más que otras sobre los gustos del momento. Como las faldas flauta, por ejemplo. Una mezcla de silueta en A – una de las más favorecedoras para las curvas de una mujer – con vuelos sutiles o fuertes que tienen algo de corte sirena.

Son variadas también, tienen aire de mucha feminidad pero también tienen un cierto picante, un toquecito ultra-moderno que aplica perfectamente para la mujer que quiere un poco de suavidad y un poco de sentir urbano. También son grandiosas para el lente digital (y todas sabemos que hoy, cuando nos vestimos, nos haremos una fotico frente al espejo o vamos a querer que alguien nos tome una foto para ver cómo nos vemos o para recordar un look que nos gustó armar y vernos puesto).

Variada y extensa también es la moda en RAGGED, y esta falda, que va bien a la mujer de oficina, a la joven entusiasta de moda, a la creativa, la corporativa o la  más sencilla, tiene el sello de la marca: es real y versátil. 

Автор : btamedia